Entender la diferencia entre asertividad, agresión y pasividad

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    Entiende la comunicación asertiva. La comunicación asertiva da lugar al respeto por los sentimientos, las necesidades, los deseos y las opiniones de los demás. Un comunicador asertivo evita transgredir los derechos de los demás mientras hace valer los suyos propios y busca el compromiso en el proceso. La comunicación asertiva emplea acciones y palabras para expresar los límites de las necesidades y deseos de una manera tranquila y transmitir al mismo tiempo un mensaje de confianza.[1]
     
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    Aprende las características verbales de la comunicación asertiva. Las señales verbales que indican una comunicación asertiva transmitirán respeto, sinceridad y firmeza. Estas señales pueden incluir:[2]
    • una voz firme y relajada
    • fluidez y sinceridad
    • un volumen apropiado para la situación
    • una actitud cooperativa y constructiva
     
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    Aprende las características no verbales de la comunicación asertiva. Al igual que las señales verbales, la comunicación no verbal transmite una conducta asertiva y puede indicar respeto, sinceridad y confianza. Las características no verbales podrían incluir:[3]
    • una escucha receptiva
    • contacto visual directo
    • postura corporal abierta
    • sonreír cuando se está contento
    • ceño fruncido cuando se está molesto
     
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    Conoce los pensamientos relacionados con la comunicación asertiva. Una persona asertiva se sentirá atraída naturalmente hacia algunos patrones de pensamiento que indiquen su confianza y respeto por los demás. Estos pensamientos pueden incluir los siguientes:[4]
    • “No me aprovecharé ni atacaré a otra persona”.
    • “Me defenderé de una manera respetuosa”.
    • “Me expresaré directa y abiertamente”.
     
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    Entiende la comunicación agresiva. A menudo, la asertividad puede confundirse incorrectamente con agresión. La agresividad carece de respeto por los demás. Se trata de un desprecio total por las necesidades, lo sentimientos, los deseos, las opiniones y en ocasiones incluso la seguridad persona de otras personas. La comunicación agresiva generalmente puede identificarse con la conducta irritable o exigente, la autopromoción y la manipulación.
    • Las características verbales de la comunicación agresiva pueden incluir[5]comentarios sarcásticos o condescendientes, culpa, gritos, amenazas, jactancia o las humillaciones.
    • Las características no verbales de la comunicación agresiva pueden incluir entrometerse en el espacio personal de los demás, cerrar los puños, cruzar los brazos, fruncir el ceño o mirar fijamente a otra persona.
    • Entre los pensamientos relacionados con la comunicación agresiva pueden estar “Me siento poderoso y haré que los demás hagan lo que yo quiera”, “Tengo el control de otras personas” o “Me niego a ser vulnerable”.
     
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    Entiende la comunicación pasiva. El silencio y la suposición son el sello distintivo de la comunicación pasiva. Por lo general, los que se comunican de manera pasiva carecen de respeto por sí mismos, ignoran sus propias opiniones, sentimientos, necesidades y deseos. La comunicación pasiva coloca las propias necesidades y deseos por debajo de las de los demás. La pasividad te quita el poder y les permite a los demás decidir los resultados de las situaciones.[6]:
    • Las características verbales de la comunicación pasiva pueden incluir: indecisión, silencio, autorechazo o autohumillación.
    • Las características no verbales de la comunicación pasiva pueden incluir evitar la mirada o mirar hacia abajo, postura encorvada, brazos cruzados o cubrir la boca con las manos.
    • Los pensamientos relacionados con la comunicación pasiva pueden ser “Yo no cuento” o “Las personas pensarán mal de mí”.
     
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    Piensa en tus influencias. Desde la infancia temprana, nuestros comportamientos están adaptados para hacer encajar las respuestas que recibimos de nuestro entorno, nuestras familias, nuestros colegas, nuestros compañeros de trabajo y de las figuras de autoridad. Los estilos de comunicación, como la pasividad, la asertividad y la agresión, pueden ser extensiones de las influencias culturales, generacionales y situacionales. La asertividad es mucho más valiosa en las sociedades occidentales.
    • Para las generaciones más antiguas puede ser más difícil actuar de manera asertiva. A los hombres se les enseñó que la expresión emocional era una señal de debilidad, mientras que a las mujeres se les instruyó a que expresar sus propias necesidades y opiniones transmitía mensajes de agresión. En ocasiones, incluso puede ser difícil para nosotros discernir qué conductas son apropiadas en diferentes situaciones.[7]
     
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    No te culpes por tu estilo de comunicación. Es importante no culparte si no sabes cómo comunicarte de manera asertiva. Los otros estilos de comunicación, como la pasividad y la agresión, pueden ser parte de un círculo vicioso. Puedes romper este círculo al aprender nuevas formas asertivas de aprendizaje y de conducta.[8]
    • Si en tu niñez tu familia te enseñó a colocar las necesidades de los demás por encima de las tuyas, podría ser difícil lograr la reafirmación.
    • Si tu familia o tus compañeros manejaban un conflicto al gritar y discutir, podrías haber aprendido a lidiar con los conflictos de la misma manera.
    • Si tu grupo social pensaba que las emociones negativas debían ocultarse o si te ignoraban o ridiculizaban por expresar estos tipos de sentimientos, entonces podrías haber aprendido a no comunicar este tipo de emociones.
     
     
 

 

Parte2
Entender mejor tus emociones
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    Comienza a escribir un diario. Para aprender a comunicarte de manera asertiva, es importante que aprendas a manejar eficazmente tus emociones. Para algunos, entender mejor sus propios procesos emocionales puede ser suficiente para poder cambiar la manera en que se comunican con los demás y para expresar sus emociones de una manera más asertiva. Mantener un diario puede ser lo mejor para profundizar en tu conducta al registrar las situaciones y realizar preguntas específicas que se relacionen con la asertividad.[9]
     
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    Identifica las situaciones como si filmaras una escena. Anota las situaciones que desencadenen tus emociones. Apégate a los hechos y no trates de hacer ninguna interpretación en este primer paso. Por ejemplo, simplemente podrías escribir “Invité a mi amiga a comer y dijo que 'no'”.
     
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    Identifica las emociones que sentías en la situación. Sé honesto con lo que sentías. Especifica las emociones de las que eres consciente en el momento y califica la intensidad de cada emoción en una escala del 0 al 100 (no intensa en lo absoluto hasta extremadamente intensa). Simplemente da una estimación pero sé honesto contigo mismo.
     
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    Identifica tu conducta al reaccionar a la situación. Ten en cuenta los síntomas físicos que podrías haber sentido en el momento. Pregúntate “¿Qué hice?” y “¿Qué sentí físicamente?”.
    • Por ejemplo, si alguien ignora tu llamada telefónica, podrías sentirte mal del estómago o tenso en la zona de los hombros.
     
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    Identifica los pensamientos que hayas tenido durante esa situación. Estos pensamientos podrían ser suposiciones, interpretaciones, creencias, valores, etc. Pregúntate “¿En qué pensaba?” o “¿Qué pasaba por mi mente?”. Por ejemplo, podrías anotar “Acepté a salir a comer cuando ella me invitó, así que también debió haber aceptado cuando la invité a ella”, “Negarse fue grosero de su parte” o “Tal vez ya no quiera ser mi amiga”.
     
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    Califica la intensidad de cada pensamiento. Vuelve a utilizar la escala de 0 a 100, evalúa la intensidad de tus pensamientos durante la situación. Coloca un “0” si no creíste en ese pensamiento o un “100” si lo hiciste por completo. Luego pregúntate “¿Pienso de una manera pasiva, asertiva o agresiva?”. Registra tu respuesta ante esta pregunta. Registra cualquier evidencia a favor o en contra de cada pensamiento. Evalúa si hay otras formas de interpretar la situación.
     
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    Determina una respuesta más asertiva ante esta situación. Con la finalidad de encontrar una manera más equilibrada y asertiva de pensar y creer, pregúntate “¿Cuál sería una manera más asertiva de pensar y responder?”.
     
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    Vuelve a calificar tus emociones originales. Después de haber evaluado la situación, reevalúa la intensidad de tus emociones originales y la intensidad de tus creencias en la situación. Califícalas nuevamente en la escala del 0 al 100.
     
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    Utiliza el diario con regularidad. Mediante este ejercicio, tendrás más posibilidades de disminuir la intensidad de tus emociones. Evalúa tus emociones, pensamientos y reacciones durante los diferentes tipos de situaciones. Si sigues practicando, podrías comenzar a pensar y comportarte de una manera más asertiva.
     
 

 

Parte3
Aprender a comunicarte con eficacia
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    Entiende los beneficios de la comunicación asertiva. La asertividad es un estilo de comunicación aprendido que permite expresar de manera confiada las necesidades y sentimientos, siendo consciente al mismo tiempo de las opiniones, deseos, necesidades y sentimientos de los demás. Es una alternativa a la conducta pasiva o agresiva. Aprender a comunicarte de una manera asertiva tiene muchos beneficios:[10]
    • Una comunicación fuerte y eficaz.
    • Confianza.
    • Aumenta la autoestima.
    • Ganarse el respeto de los demás.
    • Mejora las habilidades para tomar decisiones.
    • Reduce el estrés de no satisfacer las necesidades.
    • Permite la resolución de los conflictos.
    • Aumenta el respeto propio.
    • La sensación de ser ignorado o coaccionado se sustituye por la sensación de ser comprendido y tener el control de las decisiones.
    • Tendencia a sentirse menos deprimido.[11]
    • Una menor probabilidad de abusar de sustancias.[12]
     
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    Di que “no” cuando sea apropiado. Decir que no puede ser difícil para muchas personas. No obstante, decir “sí” cuando necesitas decir lo contrario puede producir estrés, resentimiento y enojo innecesario hacia los demás. Al decir que no, puede ser útil tener en cuenta un conjunto útil de directrices:[13]
    • Mantelo breve.
    • Sé claro.
    • S&e